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viernes, 10 de diciembre de 2010

PERSONAS CON VISIÓN, PARA UNA MISIÓN. Éxodo 3:1-12 4:1-14

1. Aunque estemos en el desierto Dios estará con nosotros. 3:1-2a


a. En medio de la prueba Dios estará con nosotros.

b. En medio del desierto Dios estará con nosotros.

2. Debemos caminar hacia la visión. 3:3

a. Camina hacia tu visión.

b. Camina hacia tu llamado. 1 Reyes 19:7-8

c. No te quedes mirando como Dios bendice y usa a otros.

3. La visión implica un llamado. 3:4

a. Si Dios te da una visión, también te va ha llamar.

b. El llamado es personal. 1 Samuel 3:10

4. Una persona con visión es una persona que vive en santidad. 3:5

a. Ser santo es vivir para Dios.

b. Es estar consagrado para servir a Dios.

c. Dios demanda que seamos santos. 1 Pedro 1:15-16 – Hebreos 12:14

5. Una persona con visión es una persona que siente temor de Dios. 3:6

a. Santidad y temor, son necesarios.

b. Vivamos con temor. Filipenses 2:12

c. Sirvamos con temor. Hebreos 12:28

6. La visión implica una misión. 3:7-10

a. Es Dios quien nos envía. Jonás 1:2

b. La misión debe ser cumplida, ¡ahora!

7. Cuando la visión es de Dios, él nos respalda. 3:11-12

a. Dios te va ha respaldar. Josué 1:5

b. Dios va ha estar contigo. Jeremías 1:7-8

c. Jesús está con nosotros. Mateo 28:20

8. Cuando la visión es de Dios, él nos da las herramientas. 4:1-5

a. Dios nos ha dado dones. 1 Corintios 14:12 – Efesios 4:8

b. Dios nos ha dado talentos. Mateo 25:15

c. ¿Qué tienes en tu mano?

9. Cuando la visión es de Dios esta se cumple, a pesar de nuestras limitaciones. 4:10-12
a. El poder de Dios se perfecciona en la debilidad. 2 Corintios 12:9

b. Moisés (tartamudo) José (esclavo) Jeremías (joven) Ester (mujer)

10. Cuando la visión es de Dios esta se cumple, con nosotros o sin nosotros. 4:13-14

a. Dios se ha propuesto salvar las almas. Juan 3:16

b. Dios se ha propuesto bendecir a su Iglesia.

c. Él lo hará, con o sin nosotros.

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PASANDO POR EN MEDIO DEL ENEMIGO. Éxodo 14


Ocho cosas que debemos considerar cuando enfrentamos al enemigo

1. El enemigo quiere esclavizarnos a través de los problemas. v3-5


a. El enemigo quiere esclavizarte a través del pecado.


b. El enemigo quiere esclavizarte a través de la enfermedad.


c. El enemigo quiere esclavizarte a través de la deuda.

2. Dios nos ha librado con su mano del poder del enemigo. v6-8


a. Dios te ha hecho libre del pecado. 


b. Dios te ha hecho libre de la enfermedad. 


c. Ya no sigas siendo esclavo. Dios te ha hecho libre. Juan 8.34-36

3. El enemigo levantará un ejercito en contra nuestra. v9 


a. Es más poderoso el que está con nosotros que el que esta en el mundo. 1 Juan 4:4 


b. Son más los que están a favor nuestro que los que están en contra. 2 Reyes 6:15-17 


c. Los ejércitos celestiales están a nuestro servicio. Hebreos 1:14

4. Clama a Dios cuando el enemigo te este atacando. v10


a. Clama a Dios en medio de la enfermedad. 


b. Clama a Dios en medio del problema. 


c. Dios ha prometido responder cuando clamemos a él. Jeremía 33:3

5. No dejes que el enemigo te haga retroceder. v11-12


a. No retrocedas. No bajes los brazos. Éxodo 17:11-12 


b. No le sedas terreno al enemigo. 


c. Dios no se agrada de los que retroceden. Hebreos 10:38

6. No temas, sigue adelante, porque Dios pelea por ti. v13-15


a. Dios pelea por ti. 


b. Dios va delante de ti como Poderoso Gigante. Jeremías 20:11


c. Dios nunca ha perdido una batalla.

7. Dios nos ha dado poder y autoridad sobre el enemigo. v16-18


a. Dios te ha dado autoridad a través de su palabra.


b. Dios te ha dado autoridad en el nombre de Cristo. Marcos 16:17-18


c. Dios te ha dado poder por medio de su Espíritu. Hechos 1:8

8. Cuando obtengas la victoria sobre el enemigo, dale la gloria a Dios. v29-31


a. Cristo ha vencido al mundo y nos ha dado la victoria. Juan 16:33 


b. Somos más que vencedores por medio de Cristo Jesús. Romanos 8:37


c. Dale la gloria a Cristo por tu victoria.
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miércoles, 8 de diciembre de 2010

El Matrimonio y Dios

Génesis 2:18; 21-24 "Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; e haré ayuda idónea para él.(21) Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.(22)Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.(23) Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada várona, porque del varón fue tomada.(24) Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne."

INTRODUCCIÓN:
ORIGEN Y NATURALEZA DEL MATRIMONIO
Cómo leemos en el texto central de ésta predicación, el matrimonio es un estado honroso instituido y establecido por nuestro Dios, en el huerto del Edén, con la primer pareja humana, que fueron Adán y Eva. Conforme a la palabra de nuestro Dios, la naturaleza del matrimonio es la unión de una pareja (hombre y mujer) por toda la vida que Dios les dé en éste mundo.
a) Dice nuestro Señor Jesucristo en Mateo:19:6,8-9 "Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.(8)Él les dijo: por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; más al principio no fue así.(9)Y os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera."
b) También dice en Romanos 7:2-3 "porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.(3) Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera."
1. LA PUREZA EN EL MATRIMONIO:
Conforme a la voluntad de nuestro Dios, los matrimonios deben de mantener una relación pura, limpia y honrosa, sin caer en degeneraciones o inmoralidades de carácter sexual o moral, manteniendo su relación en santidad delante de Dios.
a) Dice en Hebreos 13:4 "Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicaríos y a los adúlteros los juzgará Dios."
b) También dice en 1 Tesalonicenses 4:3-5 "Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; (4)que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; (5)no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios."
2. PROPÓSITOS DEL MATRIMONIO
a) Un propósito fundamental del matrimonio es, el compañerismo, apoyo y consuelo, que los esposos deben tributarse el uno al otro, mientras vivan los dos. Dice en Génesis 2:18 "Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él." Dice también Proverbios 18:22 "El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová."
b) Otro propósito fundamental del matrimonio, es inspirar la alegría y el amor mutuo, en la pareja, su familia y sus prójimos. Dice en Proverbios 5:18-19 "Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud.(19) Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre."
c) Otro propósito fundamental, es que los hijos que nuestro Dios concede a los matrimonios, sean criados en Santidad, porque son herencia del Señor, y ellos van a continuar la obra enangélistica de nuestro Dios, y deberan ser ejemplo para el mundo, de la obra redentora de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Dice en el Salmo 127:3-5 "He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.(4) Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud.(5) bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta." No podemos dejar de citar lo que dice la Biblia en Proverbios 22:6 "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él."
d) Por último podemos decir que el otro propósito fundamental del matrimonio, es para prevenir o evitar la inmoralidad en los seres humanos. Dice en 1 Corintios 7:2, "Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido."
3. OBLIGACIONES DEL MATRIMONIO
Dios encomienda ciertas obligaciones a ambos cónyuges dentro del matrimonio, para que de ésta manera, funcione la vida matrimonial en perfecta paz, y llena de bendiciones de todo tipo, tanto espirituales como materiales.
OBLIGACIONES DEL MARIDO
a) Los maridos deben amar, respetar y cuidar a sus esposas como nos lo enseña la Biblia en Efesios 5:25-28 "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella.(26) Para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,(27) a fin de presentársela a si mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.(28) Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a si mismo se ama."
b) Los maridos deben de ser responsables del mantenimiento material y económico de su esposa y de sus hijos, esforzándose con la ayuda de Dios en proporcionar a su familia todos los bienes económicos necesarios, para su mantenimiento en general, (alimento, ropa, casa, estudios etc.) conforme a las bendiciones que Dios le dé. Dice en 1 de Timoteo 5:8 "Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo."
OBLIGACIONES DE LAS ESPOSAS
a )Las esposas deben de amar, respetar y estar sujetas a sus maridos, obedeciéndolos en todo lo que es bueno y que no vaya en contra de la sana doctrina del evangelio. Deben de ser buenas administradoras de su casa, prudentes, castas, cuidadosas de su hogar y de sus hijos. Dice en Tito 2:3-5 "Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; (4) que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, (5) a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada."
LA BIBLIA NOS ENSEÑA QUE LA AUTORIDAD Y RESPONSABILIDAD PRINCIPAL EN EL HOGAR FAMILIAR, DIOS SE LA A CONFERIDO A LOS ESPOSOS.
a) Dice en Efesios 5:22-24 "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; (23) porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo y el es su Salvador. (24) Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo."
b) También dice en 1 de Pedro 3: "Vosotros maridos, igualmente vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y cómo a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo."
POR ULTIMO PODEMOS VER LA OBLIGACIÓN CONYUGAL ÍNTIMA EN TODO MATRIMONIO.
1 de Corintios 7:3-5 "El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. (4) La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.(5) No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volver a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia."
CONCLUSIÓN:
Viviendo los matrimonios conforme a la palabra de Dios, trae como consecuencia, gran felicidad y gran prosperidad de todo tipo, espiritual, física y material. No obedecer a Dios, conforme a estos mandamientos que nos a dado, solo trae como consecuencia miseria, aflicción y gran sufrimiento a toda la familia.
INVITACIÓN
Vivamos nuestros matrimonios conforme a la palabra de Dios, y tendremos familias fuertes, esposas amorosas y fieles a Dios en todo y a nosotros también; tendremos hijos cariñosos, respetuosos, responsables y sobre todo excelentes Cristianos.
centraldesermones.com

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El orden de Dios para el matrimonio

En el mundo, el orden matrimonial asume diversas formas.
Existe la forma del patriarcado, en que el marido, como padre de familia, es un señor que domina y gobierna sin contrapeso, donde la esposa y los hijos le temen y son como sus siervos. También existe el matriarcado, en que la mujer es la que maneja las cosas de la casa, a los hijos y aun a su marido, sea de manera explícita o simulada. Una forma más grotesca aún suele darse en el mundo y es lo que se podría llamar filiarcado (en latín, “filius” significa “hijo”), en que los hijos gobiernan a sus padres, los manejan a su antojo, constituyéndose a sí mismos en el centro del hogar y haciendo de sus padres meros servidores que atienden sus caprichos.
Obviamente, ninguna de ellas es conforme al modelo de Dios. Aparentemente, la forma del patriarcado es lo que más se le parece, pero el modelo de Dios para el matrimonio no es el del patriarcado. Cuando Cristo reina y ocupa el centro en una familia, ninguno sobresale por sí y en sí mismo. No hay gritos ni lucha por el poder. Todos atienden a la dirección del Único que tiene la autoridad, y todos se rinden a Él, en la posición y el ámbito de responsabilidades que Él ha asignado a cada uno. Cuando Cristo tiene el centro, el matrimonio y la familia funcionan bien, sin discordias ni estallidos de violencia, espontánea y silenciosamente, según el perfecto orden de Dios.
¿Cuál es este orden? Dice la Escritura: “Porque quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1ª Cor.11:3). Aquí está el orden de Dios, no sólo en el matrimonio, sino también en el universo: Dios, Cristo, el hombre, la mujer. Cristo es la gloria de Dios, el hombre es la gloria de Cristo, y la mujer es la gloria del hombre. El hombre fue creado para que expresara la gloria de Cristo y la mujer fue creada como expresión de la gloria del hombre.
La posición de autoridad que el hombre ocupa se señala externamente en que lleva su cabeza descubierta; en cambio, la posición de sujeción que la mujer ocupa se señala externamente con el velo. Cuando la mujer no ora ni profetiza su cabello le sirve de velo; pero cuando la mujer ora o profetiza ha de ponerse el velo, como señal de autoridad sobre su cabeza (1ª Corintios 11:3-6).
De manera que por causa de que hay implicados hechos espirituales trascendentes, tanto el hombre como la mujer han de cuidar respetar este orden. No es un asunto de caracteres: es el orden de Dios.
A veces los maridos renuncian a tomar su lugar, por comodidad o por una supuesta incompetencia, como si esto fuese un asunto de caracteres o de capacidades naturales. Pero aquí vemos que esto es un asunto establecido por Dios, y anterior a nosotros, en lo cual está implicado el orden universal, y al cual nosotros somos invitados a participar.
Las demandas en la relación matrimonial
Consecuentemente con todo lo anterior, hay demandas para los miembros de la familia cristiana, que se pueden resumir en una sola expresión: la demanda para el esposo, es amar a la esposa* ; para la esposa, es estar sujeta a su esposo; para los padres es disciplinar y amonestar a sus hijos; para los hijos es obedecer a sus padres.
Siendo el varón la cabeza de la mujer, resulta para el esposo una demanda muy fuerte que ame a su esposa, porque ello implica, además, una restricción a su rudeza natural. Por eso dice la Escritura: “No seáis ásperos con ellas” (Col.3:19), y “Dando honor a la mujer como a vaso más frágil” (1ª Ped.3:7). El ser cabeza pone al hombre en una posición de autoridad, pero el mandamiento de amar a su mujer le restringe hasta la delicadeza.
Hay al menos dos razones por las cuales el esposo debe ser ejemplo amoroso de quebrantamiento y humildad. Primero, por su carácter naturalmente áspero, y, segundo, por la autoridad que detenta. Junto con ponerle en autoridad, el mandamiento le limita en el uso de esa autoridad.
De modo que si su autoridad es cuestionada, no debe procurar recuperarla por sí mismo, sino remitirse a Aquél a quien pertenece.
Si Dios ha permitido que su autoridad sea resistida, entonces debe de haber alguna causa (que bien pudiera ser alguna secreta rebelión frente a Cristo), y que es preciso aclarar a la luz del Señor.
Por su parte, siendo la mujer de un carácter más vivaz, el estar sujeta es una restricción a su natural forma de ser, por lo cual dice la Escritura: “La mujer respete a su marido” (Ef. 5:33b), y “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción” (1ª Tim.2:11). No obstante, ella recibe el amor de su esposo, que la regala y la abriga.
Esto es así para que no haya desavenencia en el matrimonio. Ambos son restringidos y a la vez son honrados por el otro. Cada uno según su natural forma de ser. Porque Dios sabe mejor que nosotros mismos cómo somos, y por eso diseñó así el matrimonio. El marido representa la autoridad, pero, siendo de un carácter áspero, debe amar con dulzura; la mujer es amada y regalada, pero, siendo de naturaleza más inquieta, debe sujetarse. Así todos perdemos algo, pero gana el matrimonio y la familia, y por sobre, todo, gana el Señor.
Si el esposo ama, facilita la sujeción de la esposa. Si la esposa se sujeta, facilita el que su esposo la ame. Con todo, si ambas conductas (el amar y el sujetarse), siendo tan deseables, no se producen, ello no exime ni al esposo ni a la esposa de obedecer su propio mandamiento.
¡No hay cosa más noble para un marido cristiano amar a su mujer como Cristo amó a la iglesia! No hay cosa más noble, conforme van pasando los años, encontrarla más bella, sentir que su corazón está más unido a ella, y que ha aprendido a amarla aun en sus debilidades y defectos. Porque ya no anda como un hombre, sino que camina en la tierra como un siervo de Dios.
¡Qué dignidad más alta para una mujer la de sujetarse a su marido, no por lo que él es, sino por lo que él representa! ¡Cuánto agrada a Dios un hombre y una mujer así! Todos los reclamos, todas las quejas desaparecerían. Si el marido se preocupara más de amar no tendría ojos para ver tantos defectos e imperfecciones. Si la mujer se viera a sí misma como la iglesia delante de Cristo, si se inclinara, si fuera sumisa y dócil, cuánta paz tendría en su corazón. Cuánta bondad de Dios podría comprobar en su vida.
* Bien que la primera demanda para el esposo – y que no deja de ser importante – es “dejar padre y madre” para luego unirse a su mujer. Es decir, procurar la autonomía e independencia respecto de los padres. Si esto se obedece desde el principio, el matrimonio se evitará muchos contratiempos. aguasvivas.cl


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jueves, 25 de noviembre de 2010

EL DIOS VERDADERO




El Dios verdadero, es otro concepto diferente al de ama al Dios verdadero y su Palabra, me parecio interesante y quisiera compartirlo a los lectores.

ESTÁ CLARO QUE NECESITAMOS ALGO MÁS QUE UN CONOCIMIENTO teórico de Dios. Sólo podemos conocer a Dios en la medida en que él se nos revela en las Escrituras, y no podemos conocer las Escrituras hasta que estemos dispuestos a ser transformados por ellas. El conocimiento de Dios sólo tiene lugar cuando también reconocemos nuestra profunda necesidad espiritual y cuando somos receptivos a lo que Dios ha provisto para nuestra necesidad mediante la obra de Cristo y la aplicación de esa obra en nosotros por el Espíritu de Dios.
Una vez que hemos establecido esta base, retornamos a la cuestión de Dios mismo y nos preguntamos: "¿Pero quién es Dios? ¿Quién es el que se revela a sí mismo en las Escrituras, en la persona de Jesucristo y por el Espíritu Santo?" Podemos admitir que el verdadero conocimiento de Dios debe transformarnos. Podemos estar dispuestos a ser transformados. Pero, ¿dónde comenzamos?

AUTOEXISTENTE
Como la Biblia es una unidad, podríamos contestar estas interrogantes comenzando en cualquier lugar de la revelación bíblica. Podríamos comenzar con Apocalipsis 22:21 como con Génesis 1:1. Pero no hay mejor punto de partida que la revelación que Dios hace de sí mismo a Moisés en la zarza que ardía en fuego.

Moisés, el gran líder de Israel, hacía tiempo que era consciente del Dios verdadero, porque había nacido en el seno de una familia temerosa de Dios. Pero, a pesar de ello, cuando Dios le dijo que lo iba a enviar a Egipto para que liberara al pueblo de Israel, Moisés respondió: "He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?" Y se nos dice que Dios entonces le contestó a Moisés diciendo: "YO SOY EL QUE SOY.... Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros" (Ex. 3:13-14).

"YO SOY EL QUE SOY". El nombre está relacionado con el antiguo nombre de Dios, Jehová. Pero es algo más que un nombre. Es un nombre descriptivo, que nos señala todo lo que Dios es en sí mismo. Particularmente, nos está mostrando que es un Ser completamente auto existente, autosuficiente, y eterno. Estos conceptos son abstractos, por supuesto. Pero son importantes, porque estos atributos más que ninguno de sus otros atributos son los que distinguen a Dios de su creación y nos revelan la esencia de Dios.

Dios es perfecto en todos sus atributos. Pero, existen algunos atributos que nosotros, sus criaturas, también compartimos. Por ejemplo, Dios es perfecto en su amor; sin embargo, por su gracia, nosotros también amamos. Él es todo sabiduría; pero nosotros también poseemos una medida de sabiduría. Él es todopoderoso; y nosotros ejercemos un poder limitado. Esto mismo no sucede cuando consideramos la auto existencia, la autosuficiencia y la eternidad de Dios. Solo él posee estas características. Él existe en sí mismo y de sí mismo; no así nosotros. Él es completamente autosuficiente; nosotros no lo somos. Él es eterno nosotros acabamos de entrar en escena.

La autoexistencia significa que Dios no tiene ningún origen y, en consecuencia, no es responsable frente anadie. Matthew Henry dice: "El hombre más importante y el mejor en el mundo puede decir: Por la gracia de Dios yo soy lo que soy; pero Dios en forma absoluta nós dice -y es más que lo que ninguna otra criatura, hombre o ángel puede decir- que Yo soy el que soy".1 Dios no tiene origen, su existencia no depende de nadie.
La autoexistencia es un concepto difícil de aprehender, ya que implica que Dios en su esencia es
incognoscible. Todo lo que vemos, olemos, oímos, saboreamos y tocamos tiene un origen. Casi no podemos pensar en otra categoría. Cualquier cosa que observemos debe tener una causa adecuada que explique su existencia. Buscamos esas causas. Esta relación de causa y efecto es la base de la creencia en Dios, y la poseen aun aquellos que no lo conocen verdaderamente. Estos individuos creen en Dios, no porque hayan tenido una experiencia personal con él o porque han descubierto a Dios en las Escrituras, sino sólo porque infieren su existencia. "Todo proviene de algo; como consecuencia, debe haber algo muy grande detrás de todo". Esta relación de causa y efecto nos está señalando la existencia de Dios pero -y este es el punto clave
nos está apuntando a un Dios que supera nuestro entendimiento, un Dios que nos trasciende desde todo punto de vista. Nos está indicando que Dios no puede ser conocido y evaluado de la misma manera que el resto de las cosas.

A. W. Tozer ha señalado que esta es una de las razones por la que la filosofía y la ciencia no han visto siempre con buenos ojos la idea de Dios. Estas disciplinas se dedican a la tarea de explicar las cosas tal como las conocemos y por lo tanto se impacientan con cualquier cosa que se niegue a presentarse tal como es. Los filósofos y los científicos admitirán que hay mucho que no conocen. Pero otra cosa será admitir que hay algo que nunca podrán conocer completamente y que ni siquiera cuentan con las técnicas para descubrirlo. Para descubrir a Dios, los científicos pueden intentar rebajar a Dios a su nivel, definiéndolo como "la ley natural", "la evolución", o algún otro principio similar. Pero Dios todavía los elude. Dios es todavía más que lo que abarca cualquiera de estos conceptos.

Posiblemente sea ésta la razón por la que aun la personas que creen en la Biblia parecen dedicarle tan poco tiempo a pensar sobre la persona y el carácter de Dios. Tozer escribe:
Muy pocos de nosotros hemos dejado que nuestros corazones admiren el YO SOY, el Ser autoexistente antes del cual nada es pensable. Dichos pensamientos nos resultan demasiado dolorosos. Preferimos pensar sobre algo que nos resulte más beneficioso -cómo construir una mejor trampa para ratones, por ejemplo, o cómo hacer que el pasto crezca más tupido donde antes crecía ralo-. Y es por esto que ahora estamos pagando un precio demasiado alto en la secularización de nuestra religión y la miseria de nuestras vidas interiores.2
La autoexistencia de Dios significa que él no es responsable frente a nosotros ni frente a nadie, y eso no nos gusta nada. Queremos que Dios se explique, que defienda sus acciones. Aún cuando a veces Dios nos explica las cosas, no tiene por qué hacerlo y muchas otras veces no lo hace. Dios no tiene por qué dar explicaciones de sí mismo a nadie.

AUTOSUFICIENTE
El segundo atributo de Dios que se nos comunica en el nombre "YO SOY EL QUE SOY" es la autosuficiencia. Nuevamente, es posible al menos tener un sentido del significado de este término abstracto. La autosuficiencia significa que Dios no tiene necesidades y por lo tanto no depende de nadie.

Aquí estamos yendo en contra de una idea popular y arraigada: Dios coopera con los seres humanos, cada uno proveyendo lo que el otro carece. Se supone, por ejemplo, que Dios carece de gloria y por lo tanto crea a los hombres y las mujeres para que la provean. Como recompensa, él los cuida. O se supone que Dios necesita amor y por lo tanto crea a los hombres y las mujeres para que le amen. Algunos hablan de la creación como si Dios se hubiera sentido solo y por lo tanto nos hubiera creado para hacerle compañía. En un nivel práctico vemos la misma idea en los que se imaginan que Dios necesita de hombres y mujeres, como testigos y defensores de la fe, para llevar a cabo su obra de salvación, y se olvidan que Jesús mismo declaró que "Dios mismo puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras" (Lc. 3:8).

Dios no necesita adoradores. Arthur W. Pink escribiendo sobre este tema en su libro The Attributes of God, dice:
Dios no creó porque estuviera bajo ninguna obligación, ni coacción, ni necesidad. Su opción por hacerlo fue exclusivamente un acto soberano de su parte, no hubo ninguna causa exterior a él, no fue determinado por nada sino su propio placer; ya que "hace todas las cosas según el designio de su voluntad" (Ef. 1:11). Creó sencillamente para manifestar su gloria... Dios no gana nada ni siquiera de nuestra adoración. No tiene necesidad de esa gloria exterior de su gracia que surge de sus redimidos, ya que es lo suficientemente glorioso en sí mismo. ¿Qué fue lo que lo instó a predestinar a sus elegidos para alabanza de la gloria de su gracia? Efesios 1:5 nos responde: "según el puro afecto de su voluntad". ...La fuerza de este argumento es que es imposible sujetar al Todopoderoso a cualquier obligación frente a sus criaturas; Dios no tiene nada que ganar de nosotros.3
Tozer hace la misma puntualización. "Si todos los seres humanos de pronto se volvieran ciegos, el sol seguiría iluminándolos de día y las estrellas de noche, ya que ni el sol ni las estrellas se deben a los millones que se benefician de su luz. De la misma manera, si todos los hombres de la tierra se hicieran ateos, esto no lo afectaría a Dios en absoluto. Él es como es independientemente de toda otra cosa. Creer en él, no agrega nada a su perfección; dudar de él, no le quita nada".4

Tampoco necesita Dios de colaboradores. Esta verdad es, quizás, la que nos resulta más difícil de aceptar. Nos imaginamos a Dios como un abuelo cariñoso, si bien algo patético, inquieto por encontrar alguien que lo pueda ayudar a administrar el mundo y salvar la raza humana. ¡Qué parodia! Dejemos claro una cosa, Dios nos ha confiado una labor de administración. A la pareja original en el Edén les dijo: "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra" (Gn. 1:28). Dios también ha encomendado a todos los que creen en él, "id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Mr. 16:15). Pero ningún aspecto del orden de la creación de Dios obedece a ninguna necesidad de Dios. Dios ha optado por realizar las cosa de esta forma. No necesitaba hacerlo así. Es más, podría haberlo hecho de millones de formas distintas. El hecho de que haya elegido hacer las cosas de esta forma depende, por lo tanto, del ejercicio libre y soberano de su voluntad y no nos otorga ningún valor inherente a nosotros.

Cuando decimos que Dios es autosuficiente también queremos significar que Dios no necesita defensores. Está claro que tenemos oportunidad de hablar en nombre de Dios frente a los que deshonran su nombre y difaman su carácter. Debemos hacerlo. Pero aun en el caso de que no lo hiciéramos, no debemos pensar que esto resulta un impedimento para Dios. Dios no necesita ser defendido, porque él es como es y seguirá siéndolo, sordo a los ataques arrogantes y pecaminosos de los individuos malvados. Un Dios que necesita ser defendido no es un Dios. Por el contrario, el Dios de la Biblia es un Ser autoexistente que es el verdadero defensor de su pueblo.

Cuando tomamos conciencia que Dios es el único verdaderamente autosuficiente, comenzamos a entender por qué la Biblia tiene tanto para decir sobre la necesidad de poner nuestra fe únicamente en Dios y por qué la incredulidad en Dios es un pecado. Tozer escribe: "Entre todos los seres creados, ninguno puede atreverse a confiar en sí mismo. Solo Dios confía en sí mismo; todos los demás seres deben confiar en él. La incredulidad es en realidad la fe pervertida, porque deposita su confianza no en el Dios vivo sino en los hombres mortales".5 Si nos negamos a confiar en Dios, lo que realmente estamos diciendo es que nosotros, o alguna otra persona o cosa es más digna de confianza. Y esto es una calumnia contra el carácter de Dios, y es una necedad. No hay nada que sea todo-suficiente. Por otro lado, si comenzamos por confiar en Dios (por creer en él), tenemos un fundamento firme para nuestra vida. Dios es suficiente, y podemos confiar en
su Palabra dada a sus criaturas.
Porque Dios es suficiente es que podemos descansar en esa suficiencia y trabajar efectivamente para él. Dios no necesita de nosotros para nada. Pero el gozo de llegar a conocerle radica en que, sin embargo, él seinclina para trabajar en, y por intermedio de, sus hijos obedientes y fieles.

ETERNO
Un tercer atributo inherente en el nombre con que Dios se presentó a Moisés ("YO SOY EL QUE SOY") es su calidad de eterno, perpetuo, que nunca termina. Es difícil encontrar una sola palabra que englobe este atributo, pero se trata sencillamente de que Dios es, siempre ha sido y siempre será, y que es siempre el mismo en su ser eterno. Encontramos este atributo de Dios en toda la Biblia. Abraham llamó a Jehová el "Dios Eterno" (Gn. 21:33). Moisés escribió: "Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios" (Sal. 90:1-2). El libro de Apocalipsis nos describe a Dios como "el Alfa y la Omega, principio y fin" (Ap. 1:8;21:6; 22:13). Los seres delante del trono decían: "Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir" (Ap. 4:8).

El hecho de que Dios sea eterno tiene dos consecuencias para nosotros. La primera es que podemos confiar que él permanecerá como se nos revela. La palabra utilizada para describir esta propiedad es inmutabilidad, que significa la propiedad de no cambiar. "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación" (Stg. 1:17).

Los atributos de Dios no cambian. Entonces, no tenemos por qué temer a que, por ejemplo, el Dios que alguna vez nos amó en Cristo de alguna manera cambie su parecer y deje de amarnos en el futuro. Dios siempre amará a su pueblo. De igual modo, no podemos pensar que quizás modifique su actitud hacia el pecado, y que comience a calificar de "permisible" algo que antes estaba prohibido. El pecado siempre será pecado ya que se lo define como cualquier transgresión o no conformidad a la ley de Dios, que no cambia. Dios siempre será santo, sabio, lleno de gracia, justo y todo lo demás que él se revela ser. Nada de lo que hagamos podrá cambiar al Dios eterno.

Los consejos de Dios y su voluntad también son inmutables. Él hace lo que de antemano se ha propuesto realizar y su voluntad nunca varía. Algunos pueden señalar ciertos versículos de la Biblia que nos dicen que Dios se arrepintió de alguna acción -como en Génesis 6:6, "Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra". En este ejemplo, lo que se usa es una palabra humana para explicar la profunda insatisfacción que Dios sentía por las actividades humanas. Más claro resultan versículos tales como el de Números 23:19 ("Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?"), el de la Samuel 15:29 ("el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá,
porque no es hombre para se arrepienta"), el de Romanos 11:29 ("Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios"), o el del Salmo 33:11 ("El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones").

Estas afirmaciones son fuente de gran consuelo para el pueblo de Dios. Si Dios fuera como nosotros, no podríamos confiar en él. Él cambiaría, y como resultado, su voluntad y sus promesas cambiarían. No podríamos depender de él. Pero Dios no es como nosotros. Él no cambia. En consecuencia, sus propósitos permanecen fijos de generación en generación. Pink nos dice que "Aquí tenemos entonces una roca donde afirmar nuestros pies, mientras que un torrente poderoso arrasa con todo a nuestro alrededor. El carácter permanente de Dios está garantizando el cumplimiento de sus promesas".6

Una segunda consecuencia de la inmutabilidad de Dios es que él es ineludible. Si fuera un mero ser humano y, él o lo que él está realizando, no nos gustara, podríamos ignorarlo, sabiendo que siempre estaría presente la posibilidad de que cambiara de parecer, se fuera a otro lado o se muriera. Pero Dios no cambia de parecer. Dios no se va para otro lado. Dios no morirá. Como consecuencia, no lo podemos eludir. Incluso si lo ignoramos ahora, tendremos que encararlo en el porvenir. Si lo rechazamos ahora, eventualmente tendremos que enfrentarnos con un Ser que rechazamos y experimentar su eterno rechazo.

NO HAY OTROS DIOSES
Llegamos así a una conclusión natural: que debemos buscar y adorar al Dios verdadero. Este capítulo se basó en su mayor parte en Éxodo 3:14, donde Dios revela a Moisés el nombre con que desea ser conocido. Esta revelación vino en el albor de la liberación del pueblo de Israel de Egipto. En su revelación en el Monte de Sinaí, después del éxodo, Dios aplicó su revelación previa como el Dios verdadero a la vida religiosa y la adoración de la nación liberada.

Dios dijo: "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante dé mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mismandamientos" (Ex. 20:2-6). Estos versículos plantean tres puntos, todos basados en la premisa de que el
Dios que se revela a sí mismo en la Biblia es el Dios verdadero:
1. Debemos adorar a Dios y obedecerle.
2. Debemos rechazar la adoración de cualquier otro dios.
3. Debemos rechazar la adoración del Dios verdadero por cualquier medio que no sea digno de él,
como el uso de láminas o imágenes.

A primera vista, resulta bastante extraño que aparezca tan al comienzo de los Diez Mandamientos, los diez principios básicos de la religión bíblica, una prohibición sobre el uso de imágenes en la adoración. Pero esto no resulta tan extraño cuando recordamos que las características de una religión son un reflejo de la naturaleza del dios de esa religión. Si el dios no es digno, la religión tampoco será digna. Si el concepto de Dios es del orden más elevado, la religión también será del orden más elevado. Lo que Dios nos está diciendo en estos versículos es que cualquier representación física de él lo está deshonrando. ¿Por qué? Por dos razones. Primero, su gloria se oscurece, porque no hay nada visible que la pueda representar. Segundo,
puede desviar a los que le adoran.

Estos dos errores fueron ejemplificados por Aarón cuando construyó el becerro de oro, como lo menciona J. I. Packer en su discusión de la idolatría. En la mente de Aarón, al menos, aunque posiblemente no en las mentes del pueblo, el becerro era una intención de representar a Jehová. Él pensó, sin duda, que la figura de un becerro (aunque pequeña) podía comunicar la idea de la fuerza de Dios. Pero, por supuesto, no lo hacía de manera total. Y tampoco transmitía de ningún modo el resto de sus atributos: su soberanía, su equidad, su misericordia, su amor y su justicia. Por el contrario, los oscurecía.

Y todavía más, la figura del becerro confundía a los adoradores. Muy fácilmente la asociaron con los dioses y las diosas egipcias de la fertilidad y su adoración se convirtió en una orgía. Packer concluye diciendo: Con toda seguridad, si nos creamos el hábito de concentrar nuestros pensamientos en una imagen o en una lámina de Aquél a quien vamos a orar, lo concebiremos y le estaremos orando según la representación de la imagen que nos hemos hecho. De alguna manera nos estaremos "inclinando" y estaremos "adorando" nuestra imagen; y como la imagen no puede transmitir toda la verdad sobre Dios, no estaremos adorando a Dios en verdad. Es por esta razón que Dios prohíbe que tú o yo hagamos uso de imágenes o láminas en nuestra adoración.7

LA ADORACIÓN DE DIOS
Sin embargo, no adorar imágenes y no utilizar imágenes en la adoración del Dios verdadero no constituye por sí solo la adoración. Debemos reconocer que el Dios verdadero es el Ser eterno, autoexistente y autosuficiente, el Ser inconmensurable que trasciende nuestros más elevados pensamientos. Debemos humillarnos delante de él y aprender de él, permitiéndole que él se nos enseñe tal como es y nos muestre lo que ha hecho por nuestra salvación. ¿Hacemos lo que él nos ordena? ¿Estamos seguros que en nuestra adoración estamos realmente adorando al Dios verdadero que se reveló en la Biblia?

Hay sólo una manera de contestar esta pregunta con sinceridad. Debemos preguntarnos: ¿Conozco la Biblia con certeza, y adoro a Dios basado en las verdades que encuentro en ella? Esta verdad gira en torno al Señor Jesucristo. Allí el Dios invisible se hace visible, lo inescrutable se hace cognoscible, el Dios eterno se manifiesta en el espacio y el tiempo. ¿Contemplo a Jesús para conocer a Dios? ¿Pienso en los atributos de Dios cuando veo lo que Jesús me manifiesta de ellos? Si no hago esto, estoy adorando una imagen de Dios, una imagen según mi propio diseño. Si contemplo a Jesús, entonces puedo saber que estoy adorando al Dios verdadero, como él se reveló a sí mismo. Pablo nos dice que aunque algunos conocieron a Dios, "no le
glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias" (Ro. 1:21). Nos debemos proponer que esto mismo no nos suceda a nosotros.

Notas
1. Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible, vol. 1 (New York: Fleming H. Revell, n. d.), p. 284.
2. A. W. Tozer, The Knowledge of the Holy (New York: Harper & Row), p. 34.
3. Arthur W. Pink, The Attributes of God (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, n. d.), pp. 2-3.
4. Tozer, The Knowledge of the Holy, p. 40.
5. Tozer, The Knowledge of the Holy, Ibid., p. 42
6. Pink, The Attributes of God, p. 41.
7. Packer, Knowing God, p. 41.

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